http://www.muyinteresante.es/ciencia/articulo/las-ondas-de-los-moviles-desorientan-a-las-hormigas

Las ondas electromagnéticas que emiten los teléfonosmóviles afectan a lacapacidad de orientación y memorización de las hormigas, según revela un estudio publicado en la revista Electromagnetic Biology and Medicine. Aunque lo resultados no tienen por qué ser aplicables a los seres humanos, los autores del trabajo piensan que se deberían aumentar las precauciones sobre las emisiones de las antenas. 

http://es.m.wikipedia.org/wiki/%C3%93xido

Un óxido es un compuesto binario que contiene uno o varios átomos de oxígeno (el cual, normalmente, presenta un estado de oxidación -2),[1] y otros elementos. Existe una gran variedad de óxidos,los cuales se presentan en los 3 principales estados de agregación de la materia: sólidolíquido ygaseoso, a temperatura ambiente. Casi todos los elementos forman combinaciones estables con oxígeno y muchos en variosestados de oxidación. Debido a esta gran variedad las propiedades son muy diversas y las características del enlace varían desde el típico sólido iónico hasta los enlaces covalentes.

Neolamarckismo El neolamarckismo trata de explicar la evolución mediante la herencia de los caracteres adquiridos durante la vida de los organismos. Lamarck, como ya se ha indicado en un lugar anterior, basaba su teoría evolutiva en el supuesto erróneo de que “la función crea el órgano”. Así, decía en su Philosophia zoologica: “No son los órganos, es decir, la naturaleza y la forma de las partes del cuerpo de un animal, los que han dado lugar a sus hábitos y a sus facultades particulares, sino que son, por el contrario, sus hábitos, su manera de vivir y las circunstancias en que se han hallado los individuos de que proviene los que han constituido, con el tiempo, la forma de su cuerpo, el número y el estado de sus órganos, en fin, las facultades de que goza.” Este pensamiento evolutivo lo fundamenta en dos leyes, que se conocen como la del “uso y desuso de los órganos” y la de la “herencia de los caracteres adquiridos”. Aunque el propio Darwin aceptaba la herencia de los caracteres adquiridos, sin embargo la consideraba como un proceso subsidiario de la selección natural. Al considerar las relaciones entre el ambiente y la herencia es obligado hacer referencia, como última expresión del neolamarckismo, al michurinismo basado en las ideas de V. Michurin y llevado a la práctica por Trofim D. Lysenko en la Unión Soviética en la década de los cuarenta del siglo pasado, haciendo de la genética michurinista en contraposición de lo que llamaban “genética burguesa” mendeliano-morganiano-weismanniana, la ciencia oficial de la URSS. La “ruptura oficial” de ambas concepciones de la Genética tuvo lugar en 1948; sin embargo, al cabo de algunos años la filosofía genética lisenkoísta se derrumbó estrepitosamente (Medvedev: The rise and fall of T. D. Lysenko, 1969). El tiempo transcurrido, aunque no excesivamente largo, sí fue lo suficiente para suponer la pérdida de una generación de científicos rusos en el campo de la Genética. El error del planteamiento no está, por un lado, en decir que el ambiente puede influir en la herencia, sino en atribuir la esencia del cambio heredable al ambiente en sí sin aceptar que, en último término, la transmisión de tales cambios en la descendencia sea debida a modificaciones del propio material hereditario inducidas por el ambiente. Por otro lado, un segundo error en el planteamiento estriba en dar un sentido neolamarckiano a la mutación, suponiendo que el ambiente puede dirigir la respuesta mutante de los organismos; es decir, aceptar un carácter postadaptativo de la mutación, siendo así que la evidencia experimental demuestra el carácter preadaptativo de la misma; es decir, la mutación puede existir en los organismos antes de que pueda resultarles beneficiosa en el proceso evolutivo al producirse un determinado cambio ambiental . De cualquier manera, como señalaba anteriormente, no es justo que el nombre de Lamarck haya quedado asociado más al error de la herencia de los caracteres adquiridos (lamarckismo y neolamarckismo) que a su influencia dentro de la historia del evolucionismo. Vuelve Lamarck Jean-Baptiste Lamarck, aquel teorizador de la evolución de los seres vivos tan denostado por los darwinistas por creer en la herencia de los caracteres adquiridos… vuelve hoy. Vuelve Lamarck primero un tanto calladito, en el marco de la teoría darwinista expandida tal como es expuesta por Stephen Jay Gould en The Structure of Evolutionary Theory. Una teoría que no se basa sólo (como el darwinismo consensual que dominó la teoría evolucionista desde los años 30) en la selección natural al nivel de los organismos, sino que (manteniendo la importancia de ese factor) le añade otros niveles de análisis y explicación no contemplados por los darwinistas clásicos: la selección de genes y de linajes celulares en los niveles inferiores al organismo, y la selección de poblaciones, especies y clades como niveles progresivamente superiores al de los organismos. Si un organismo es un “individuo evolutivo”, arguye Gould, también lo son los genes, especies o clades. Bien, ¿y qué pinta en esto Lamarck? Porque desde luego Stephen Jay Gould se presenta a sí mismo como darwinista (aunque algunos disentirían), no como lamarckista. Gould defiende a Lamarck explícitamenteThe Structure of Evolutionary Theory, dedicándole una sección entera del capítulo 3, “Seeds of Hierarchy” (cada capítulo de Gould sería un libro para otros autores). Allí trata Gould la aportación histórica de Lamarck al desarrollo de la teoría de la evolución, rescatándolo de su papel de tonto útil (etc) y, de modo más relevante para la articulación de la teoría central (multinivel, jerárquica) del libro, señala cómo Lamarck concebía la evolución como una interacción de dos factores: 1) uno principal, la evolución de los organismos por principios morfológicos internos, una marcha hacia el progreso y hacia la mayor complejidad de las formas vivas. 2) un factor subordinado, la adaptación al medio ambiente, que puede desviar o invertir ese marcha predeterminada (del mono al hombre, por ejemplo, marcha progresiva; del homo sapiens al ciudadano fascista, adaptación al medio. Pongamos). Gould sí cree en la adaptación al medio, explicada darwinianamente, y Gouldianamente (con la teoría del equilibrio puntuado). No cree en cambio en el progreso en orden lineal, excepto en el sentido en que la complejidad surge estadísticamente por variación a partir de las formas simples (que siempre resultan dominantes estadísticamente). O sea que no se va a declarar lamarckiano… … aunque igual podría. Lamarck se volvió la risa de la biología con la llegada de Mendel, al quedar desacreditada por aclamacion la transmisión de los caracteres adquiridos por los individuos. No hay manera en que eso pueda suceder, según la genética mendeliana. Pero un momento, he dicho “de los caracteres adquiridos por los individuos”– debería haber dicho “por los organismos”. Los organismos son, por supuesto, lo mismo que los individuos para Lamarck. Pero no para Gould, y ahí reside la clave del regreso de Lamarck. Para Gould, un organismo es, en términos evolutivos, un individuo que interactúa y se reproduce diferencialmente. Y una especie es, en términos evolutivos, un individuo que interactúa y se reproduce diferencialmente… a otro nivel jerárquico. Este es el lamarckismo (quizá inconsciente) de Gould. Los caracteres adquiridos por los individuos superiores de la jerarquía de niveles de interacción evolutiva sí se transmiten a su descendencia. Si una especie, por anagénesis, sufre una variación (claro que este es un caso que no interesa sobremanera a Gould, siendo que él defiende la primacía cuasi-absoluta del equilibrio puntuado), ese rasgo adquirido se transmite a sus especies-hijas… a las que resultan de especiaciones posteriores a la transformación anagenética, claro. La herencia de los caracteres adquiridos era una noción común antes de Lamarck; lo que éste hace es integrarla en una teoría global de la evolución, en la que juega un papel importante la dinámica por la cual se adquieren y transmiten estos caracteres, es decir, para Lamarck, – el uso y el desuso [de órganos y funciones] – la herencia de los caracteres adquiridos. Estos dos factores tienen interpretaciones y consecuencias muy diversas una vez se pasan a aplicar a nivel de especie y clade, y no sólo de individuo. Más que de “uso y desuso” habría que hablar a veces de “presencia y ausencia” o “aparición y pérdida” de órganos y funciones. Lamarck desaparece en la segunda parte del libro de Gould, pero ese sería el lugar donde su presencia sería más reveladora. Gould sí ve una cierta analogía, cuando establece sus paralelismos entre niveles de evolución (lo que llama “The Grand Analogy”, 717-19 – por ejemplo lo que sería el equivalente del nacimiento al nivel del organismo, es la especiación al nivel de la especie, etc.). Allí sólo señala, en el punto IV B 1, que al nivel de los organismos “Lamarckian inheritance doesn’t occur”; al nivel de la especie no menciona a Lamarck, limitándose a observar que “Punctuated equilibrium suppresses anagenesis by stasis”… cosa que es, como mínimo, un patinazo de neuronas de Gould, puesto que ni siquiera él se opone a la anagénesis, que como hemos dicho tendría consecuencias directas en la herencia de los caracteres adquiridos. Y así Gould ve en Lamarck más bien una analogía útil para un fenómeno marginal (la anagénesis), y no un teorizador que haya descrito adecuadamente la herencia de caracteres adquiridos por los individuos superiores de la jerarquía evolutiva. Y Gould pasa a declarar la irrelevancia relativa de ese tipo de evolución con respecto a lo que considera el patrón dominante, el equilibrio puntuado. Pero es curioso que en esta cita, y en su tratamiento de Lamarck en general, pasa por alto la “grand analogy” mayor y más significativa: la herencia de los caracteres adquiridos por los individuos. Lamarck habló, claro, de la herencia de los caracteres adquiridos por los organismos… ¿o se refería a los individuos, visto que para él eran lo mismo? Aquí caemos en un cierto hindsight bias o distorsión retrospectiva inevitable, una vez hemos expandido el concepto de individuo para incluir a especies y clades. Lamarck, es cierto, no pensaba en absoluto en este tipo de “individuos”; de hecho consideraba a estos niveles superiores sólo subproductos adaptativos locales (Gould 191), no individuos creadores de diversidad mediante interacción. Hablemos por tanto mejor de neo-lamarckismo en la herencia de caracteres adquiridos por especies o clades. No estoy diciendo que el término le hubiese gustado a Gould… En cualquier caso, pues, si en nuestro neo-Lamarckismo hay herencia de caracteres adquiridos al nivel de las especies, al nivel de las clades ya ni te digo. Si una clade adquiere un carácter (por ejemplo, por extinción masiva de todas las especies… grandes, pongamos), ese carácter adquirido se transmite a los individuos (clades) descendientes. Pero la herencia de los caracteres adquiridos por los individuos de jerarquía superior, especies y clades, se vuelve especialmente visible en circunstancias en que una extinción masiva actúa como elemento de selección de caracteres sobre una población local o global, un factor igualmente clave en la teoría de Gould. De ahí la atípica, y aparentemente caótica, distribución de formas vivas en la lógica de las formas posibles, y de ahí la ausencia de eslabones perdidos y formas intermedias en tantos casos. Y las extinciones masivas, locales o globales, han sido, y serán, desdichadamente para nuestros genomas, frecuentes. Hoy hablo a escala geológica.

Lamarckismo es el término usado para referirse a la teoría de la evolución formulada por Lamarck. En 1809 en su libro Filosofía zoológica propuso que las formas de vida no habían sido creadas ni permanecían inmutables, como se aceptaba en su tiempo, sino que habían evolucionado desde formas de vida más simples. Describió las condiciones que habrían propiciado la evolución de la vida y propuso el mecanismo por el que habría evolucionado. La teoría de Lamarck es la primera teoría de la evolución biológica, adelantándose en cincuenta años a la formulación de Darwin de la selección natural en su libro El origen de las especies.[1] [2] [3] Lamarck en su teoría propuso que la vida evolucionaba “por tanteos y sucesivamente”, “que a medida que los individuos de una de nuestras especies cambian de situación, de clima, de manera de ser o de hábito, reciben por ello las influencias que cambian poco a poco la consistencia y las proporciones de sus partes, de su forma, sus facultades y hasta su misma organización”.[4] Sería la capacidad de los organismos de adaptarnos al medio ambiente y los sucesivos cambios que se han dado en esos ambientes, lo que habría propiciado la Evolución y la actual diversidad de especies. Como mecanismo para traducir esos presupuestos en cambios evolutivos, propuso el mecanismo conocido como “herencia de los caracteres adquiridos”, refiriéndose a la, hasta el día de hoy no demostrada, capacidad de los organismos de trasladar a la herencia los caracteres adquiridos en vida. Esta herencia no sería ni directa ni individual, sino que sería tras largo tiempo de estar sometidos a parecidas circunstancias y afectarían al conjunto de los individuos del grupo sometido a esas circunstancias. La teoría de Lamarck no fue tenida en cuenta en el momento de su formulación, siendo 50 años más tarde, con la publicación de El origen de las especies, cuando los evolucionistas y el propio Darwin la rescataron para intentar cubrir el vacío que la selección natural dejaba al no proponer la fuente de la variabilidad sobre la que actuaría la selección. A principios del siglo XX, con la formulación de la barrera Weismann, que enuncia la imposibilidad de transferencia de información entre la línea somática y la germinal, el lamarckismo fue desechado considerándolo erróneo. No obstante, durante el siglo XX han existido evolucionistas que han defendido el lamarckismo, existiendo en la actualidad voces desde la biología y el evolucionismo que reivindican su reformulación.

Teoría sintética de la evolución o neodarwinismo Darwin y Wallace se encontraron con el problema de explicar por qué existía esa variedad de individuos y por qué había rasgos que sí se heredaban y otros no, ya que cuando publicaron sus obras no se conocían aún los trabajos de G. Mendel sobre la herencia de los caracteres. La nueva síntesis se caracterizó por integrar bajo el marco de la teoría darwinista, las leyes de Mendel, la teoría cromosómica de la herencia y la genética de poblaciones. Sus principios fundamentales son: Rechazo total de la herencia de los caracteres adquiridos. La unidad sobre la cual actúa la evolución no es el individuo, sino la población. Una población es un conjunto de individuos de la misma especie que viven en el mismo espacio y tiempo, y que pueden reproducirse apareándose entre si y originar descendencia fértil. Una población queda definida y unificada por la suma total de todos los genes presentes en los individuos que la componen. La información genética se transmite con el mínimo cambio posible, pero puede mutar, recombinarse y dar lugar a una variabilidad genética. El origen de esta variabilidad son las mutaciones y la reproducción sexual. Las mutaciones son cambios que se producen en el material genético y son, por tanto, heredables. Algunas mutaciones producen modificaciones gracias a las cuales el individuo se adaptará mejor al ambiente en el que vive, mientras que otras introducen variaciones perjudiciales. La reproducción sexual no origina nuevas alternativas a un gen pero puede dar lugar a nuevas combinaciones de los mismos. Énfasis en la condición gradual de la evolución: los cambios producidos en una población son pequeños y graduales. Se necesitan miles de años para que el proceso evolutivo dé lugar a nuevas especies. Apoyo a la idea de selección natural. En una población compuesta de miles o millones de individualidades, ciertos organismos tendrán genotipos que les confieran una mayor capacidad para conseguir el alimento, evitar los depredadores, tolerar la temperatura… Estos individuos serán los que tendrán más posibilidades de sobrevivir, reproducirse y dejar más descendientes en la siguiente generación. Los individuos que tengan genotipos que determinen características menos favorables tendrán menos posibilidades de sobrevivir, y dejaran menos descendientes. Por tanto, en la población aumentará el número de genes que favorezcan la adaptación, y disminuirán o incluso desaparecerán los genes que determinen características menos favorables. Esto hará que, con el tiempo, aumente la frecuencia de los genes que determinan características adaptativas, y la población cada vez se adaptará mejor al ambiente en el que vive. En esta teoría, es muy importante tener en cuenta que la variación de las frecuencias génicas de una población (unidad sobre la que actúa la selección natural) depende de varios factores: Migración: cuando dos poblaciones evolucionan por separado los cambios genéticos que ocurren en ellas son diferentes. La migración de organismos de una población a otra puede aportar genes nuevos, aportando variabilidad y promoviendo un cambio genético en ella. Deriva genética: en ocasiones, que un organismo sobreviva no depende de su mejor capacidad de adaptación, sino simplemente del azar. Accidentalmente, sobre todo si las poblaciones son pequeñas o si la capacidad de selección del ambiente es baja (poca presión selectiva, es decir, pequeñas diferencias a favor o en contra de las diferentes características), la casualidad puede hacer que unos genes se extiendan en la población con mayor frecuencia que otros.